::apuntes sobre la investigación de areaciega::

parma 1830

La travesía de áreaciega ha sido tumultuosa, como la ciudad que queremos. El colectivo se proponía investigar las formas de resistencia al (no)habitar que impone el mercado. No sólo se proponía eso, sino que además quería animar debates públicos sobre la ciudad que vivimos allí donde fuere. Y más allá, quería contribuir, aportar y formar parte de los espacios públicos de resistencia que investigaba (primero, dentro de "caminos", un proyecto de centro social, y ahora desde Embajadores 35, un centro social ya existente).

Por todo eso, áreaciega tanteó la memoria reflexiva sobre la experiencia de la okupación, emblema por excelencia de la resistencia creativa y horizontal a la ciudad-empresa; se embarcó en la red "Tabacalera a debate", que quería abrir un debate público sobre los usos y el destino del gran edificio de Tabacalera sito en Lavapiés; y ahora inscribe su actividad reflexiva en el Observatorio Metropolitano, que reúne diversos proyectos de investigación sobre la transformación velocísima de Madrid. Todo ese trayecto tumultuoso ha rendido frutos que quisiéramos compartir y seguir actualizando desde aquí: fragmentos de discurso crítico, astillas de otro imaginario más pleno sobre el significado de vivir en una ciudad, memoria de experiencias prácticas, etc.

Las claves de orientación en ese caos han sido muchas veces intuitivas, empíricas, sensibles. Al pie de la calle y no al pie de la letra. No hace falta abrir un libro para captar la carestía de espacios públicos independientes, la monitorización constante de la calle, la espectacularización (y consiguiente banalización) de formas de vida, culturas populares o alternativas, memoria colectiva. Tratamos de sistematizar (y proponer a discusión) estas intuiciones bajo tres imágenes sobre la ciudad contemporánea: ciudad-mercancía, ciudad-fortaleza y ciudad-espectáculo.

En la ciudad-mercancía, la vivienda es entendida como una oportunidad de lucro y no como un bien social, la especulación determina procesos de transformación efectiva del paisaje urbano, los espacios de consumo y las “superestructuras de infradiseño” (autopistas, puentes, circunvalaciones, autovías) privilegian la apropiación privada del espacio urbano y se reduce a los ciudadanos a la indigna condición de consumidores, clientes, conductores, espectadores, turistas, etc.

En la ciudad-fortaleza la vigilancia y el control retoman la vieja tarea haussmaniana de “liquidar la posibilidad de encuentros” y, por tanto, la calle como espacio público (monitorización, vídeo-vigilancia, criminalización de la pobreza, persecución de inmigrantes, etc.).

Por último, en la ciudad-espectáculo, “la dura ley de la distracción, la ilusión y el olvido” (Leopardi) tiene el monopolio de la capacidad de representación y producción de subjetividad (ciudades que se vuelven marca, erradicación de la memoria colectiva a favor de la memoria oficial y sus monumentos, apropiación turística del centro histórico, invasión del espacio público a manos de los logos de distintas *corporations*, publicidad por doquier, etc.).

Nunca llegamos a nombrar sin embargo las resistencias a esas tres ciudades, que por lo demás eran el objeto principal de la investigación. A pesar de estar envueltos muchas veces en ellas, aunque fuera de manera efímera o pasajera (como con muchas veces las apropiaciones colectivas de la calle que permiten verla bajo otra luz e imaginarle otras posibilidades). Una tarea pendiente para el Observatorio Metropolitano, así como la de darle un contenido más exhaustivo y analítico a las tres imágenes de ciudad propuestas. En todo caso, nos oponemos a la mirada que considera mero "ruido" esas resistencias ("resistir es crear", dicen los zapatistas). Esa intuición primera nos sigue pareciendo válida. Describir la ciudad (incluso "objetivamente") nunca podrá ser sólo registrar la fatalidad de procesos de reestructuración inapelables que pretenden “requisar el espacio urbano y dominar a las gentes que lo habitan”.

Siempre nos arrebató una cita de Michel de Certau que hemos utilizado en numerosas ocasiones: “sin los relatos los nuevos barrios quedan desiertos. Por las historias los lugares se tornan habitables. Habitar es narrativizar. Fomentar o restaurar esta narratividad es, por tanto, una forma de rehabilitación. Hay que despertar a las historias que duermen en las calles y que yacen a veces en un simple nombre, replegadas en ese dedal como las sedas del hada. Son las llaves de la ciudad: dan acceso a lo que ésta es, una visión mítica, una mitología”. De forma muy inconstante y fragmentaria, también hemos ido desenvolviendo alguna que otra seda mágica: la historia del Madrid chaboleado por los primeros "okupas" durante el franquismo; la historia subterránea de los años 70-80, cuando se reinventaba la ciudad negada por el franquismo (el Madrid nocturno, homosexual, etc.); la memoria práctica de las "cigarreras" que se trató de resucitar, actualizar en el proceso Tabacalera, etc.

En el número de Archipiélago que coordinamos, que queda como una referencia interesante a tener en cuenta, tratamos de dar cabida a los discursos que nos interesan: los discursos "expertos" que ayudan a hacer una legibilidad sin concesiones de los procesos que dan forma hoy a la ciudad (David Harvey, Manuel Castells, Manuel Delgado, José Manuel Naredo, etc.); y las elaboraciones que se hacen al calor de los movimientos sociales, en su vientre (Emmanuel Rodríguez, Rizoma, Jordi Bonet). El artículo de Carolina del Olmo sobre "el papel de los macroeventos en la formación de la ciudad capitalista" ha sido una aportación muy relevante y difundida en el debate para clarificar a quién le interesaban (y por qué) unas Olimpiadas en Madrid.

El principal desafío -teórico y práctico- que se nos ha hecho evidente en todo este tiempo es cómo dar cuenta e intervenir políticamente de manera eficaz en unas condiciones tan dislocadas, en las que las referencias clásicas (para orientarse en la ciudad, para organizarse colectivamente en ella) han desaparecido sin dejar otro rastro que los indicios testimoniales de otra época (orales, escritos, vividos). Cómo habitar y aferrar la liquidez, la dispersión, la evaporación del tiempo y el espacio como referencias estables (el barrio como foco de sentido, la deslocalización como estrategia permanente del poder). Cómo producir lo común en el territorio cuando "lo sólido se disuelve en el aire". Esas preguntas atraviesan entrevistas, textos, narraciones de experiencias. Son lo común en una época donde lo común se nos escapa como arena entre los dedos.

Nadie puede vivir en el espacio liso que propone el capitalismo (sin memoria, sin discontinuidades radicales, sin conflicto) y sus clases virtuales. Nadie puede habitar tal velocidad, inmediatez, dispersión, ruptura de las formas de orientación y disolución de todas las coordenadas espacio-tiempo tradicionales. Pero la respuesta a la virtualización no puede ser desde luego regresar a ningún tipo de pureza perdida, sino reinventar colectivamente, desde abajoy necesariamente a través del conflicto formas alternativas de lazo, hábitat, sentido de los lugares, dialéctica entre vecindarios estables y movilidad garantizada.

En eso estamos.


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